Punto de vista de Rosalie
—Mamá, ¿puedo ir a los columpios?
—Sí. Quédate donde pueda verte.
Ya había salido corriendo. Aiden la vio alejarse, y la misma atmósfera de la sala de espera de la clínica volvió a apoderarse de él. El silencio, la tensión particular de quien intenta mantener bajo control emociones desconocidas.
—Hola —dije.
—Hola —Me dedicó una breve mirada—. Gracias por esto.
—Está en el acuerdo —repuse, lo cual no fue especialmente amable, pero era la verdad—. Está en los columpios.