Punto de vista de Aiden
Rosalie llamó el jueves por la noche.
Estaba en mi suite del hotel, releyendo un contrato que mi socio, Marcus, me había enviado. Requería mi firma y toda mi atención, pero no lograba ofrecerle ninguna de las dos cosas. Llevaba veinte minutos con la mirada clavada en el mismo párrafo.
En cuanto sonó el teléfono y vi el nombre de Rosalie en la pantalla, aparté el documento.
—Me reuniré contigo —dijo, sin saludos ni preámbulos—. Una sola vez. Para hablar de la carta y de l