Punto de vista de Rosalie
Miró la estufa apagada y luego a mí, con esa expresión genuina, cálida; la que asomaba siempre que yo decía algo inesperado y resultaba ser justo lo que él necesitaba escuchar.
—Está bien —dijo, y se levantó.
Cenamos en la barra de la cocina, rozándonos las rodillas, casi sin hablar. La pasta estaba tibia, pero no importaba. Lo esencial era el silencio compartido, la decisión deliberada de estar allí, juntos, mientras el reloj seguía corriendo.
Al terminar, tomó mi pla