Punto de vista de Aiden
Treinta y seis horas pasaron con rapidez, como siempre ocurre cuando uno desearía que el tiempo fuera más despacio.
Había preparado el equipaje en incontables ocasiones, con esa eficacia propia de haberlo repetido tanto que ya no exigía esfuerzo alguno, solo memoria muscular. Los mismos objetos, en el orden exacto: aquello me permitía estar listo en cuarenta minutos de ser necesario, o en veinte si la situación lo requería.
Esta vez tardé media hora porque no tenía prisa