Punto de vista de Rosalie
En el interior de la caja, sobre un pequeño cuadrado de papel de seda, reposaba una tarjeta de crédito prepagada, de esas que se compran en la farmacia o se recargan en el banco. Debajo, doblada, aguardaba una nota manuscrita.
Reconocí su letra al instante, a pesar de no haberla visto en siete años. Me había escrito una dedicatoria por mi decimoséptimo cumpleaños, una tarjeta que conservé durante dos años hasta que por fin me obligué a tirarla. Aún ahora, su caligrafía