Punto de vista de Rosalie
—¿Por qué no? —pregunté.
Conocía la forma de su respuesta, pues ya había escuchado versiones de esta en el consultorio de la doctora Harper y en su sofá, una mañana de sábado. Pero deseaba oír esta versión en particular. La de esta noche; la que surgía tras tres horas de intensa conversación.
—Cada vez que alguien mostraba interés —dijo—, pensaba en una chica de cabello oscuro con un cuaderno de bocetos en las manos, sentada a la mesa de la cocina, dibujando la luz sob