La mañana de la trampa amaneció gris y nublada, acorde con el estado de ánimo de Emma. Se vistió con cuidado con ropa cómoda que le permitiera moverse: vaqueros, una camiseta sencilla, zapatillas. Si necesitaba correr, estaría lista.
Ryan la ayudó a conectar el cable, un pequeño micrófono y transmisor oculto bajo su camiseta. Le temblaban ligeramente las manos.
"No tienes que hacer esto", dijo por centésima vez.
"Sí, lo tengo." Emma lo besó. "Esta persona ha controlado mi vida desde las sombras