Habían pasado tres años desde la exposición que cambió la vida de Emma. Rose tenía cinco años, empezaba el kínder, y la carrera artística de Emma había florecido más allá de sus sueños más locos.
"Mamá, ¿tengo que ir a la escuela?", preguntó Rose, tirando de la mano de Emma mientras se acercaban a la escuela primaria.
"Te va a encantar, cariño. Harás nuevos amigos, aprenderás cosas nuevas, pintarás cuadros..."
"¿Como tú?"
Emma sonrió. "Igual que yo."
Llegaron al aula de Rose, luminosa y alegre,