Sebastián se encontraba en el pasillo de la mejor clínica de la ciudad esperando los resultados de los análisis de paternidad.
Hace tan solo unas horas no se había imaginado terminar su día de esa manera, por un momento había creído que sería un día inolvidable junto a Helena, que la despertaría con el desayuno, comerían en la cama, luego harían el amor todo el día diciendo una y otra vez cuánto se amaban.
Pero no, estaba en un pasillo blanco, pulcro y con olor a limpio que lo estaba matando.