El sol se ocultó y la luna se hizo dueña del cielo cuando Katlyn no pudo resistirlo más, marcó el número de teléfono que tenía en una tarjeta de presentación, una que su amiga, quien había soportado sus llantos constantes por la indiferencia de su marido, le había entregado, recomendándole un investigador privado, el que ella misma había usado para su propio matrimonio.
La rubia había guardado la tarjeta solo “Por si acaso”, no había pensado utilizarla hace unos meses, realmente no lo creía cap