Luego de más de una hora dentro del Penthouse de Alan, entregándose por completo a sus deseos y a sus fetiches, finalmente el menor de los Aller había quedado satisfecho.
-Hasta la próxima, mi amor- había dicho Alan, dándole una nalgada y empujándola fuera de su departamento, para luego cerrarle la puerta en la cara.
Katlyn no dijo nada, simplemente se fue de ahí como si fuera un alma en pena.
Entró sigilosa a la mansión, temiendo encontrarse con su esposo y que la interrogase de a donde había