Ya se habían ido todos de la oficina, finalmente Helena se sintió segura y tranquila, sin todos esos ojos juzgando a lo lejos.
Tomó su bolso y se dispuso a volver a su casa, deseando que el día de hoy se acabara de una m*****a vez. Pero al pasar por al lado de la gran oficina de su jefe se sorprendió de que la luz aún estaba encendida, se asomó curiosa y lo vio caminar de una punta hacia la otra, mirando hacia el ventanal con el teléfono en el oído.
-¡Pero te dije que no lo sé! Hace tan solo