“Nada... Solo necesitaba oír tu voz”, contesté simplemente, con la voz entrecortada al final.
“¿Estás bien, cariño?”, preguntó ella con preocupación. Se le notaba en la voz.
Sonreí al oír el apodo que me puso desde que era pequeño. “Estoy bien, solo estresado por el trabajo. Eso es todo”.
“Trabajas demasiado. Necesitas tomarte unas vacaciones o algo. No es que no te lo puedas permitir”. Se rio entre dientes.
Oí movimientos de pies y luego el inconfundible sonido de ollas y sartenes. O estaba