¿CEDER A LA TENTACIÓN?
Zade continuó besando el cuello de Luna con una intensidad que oscilaba entre el deseo y la desesperación. Ella, con los ojos cerrados, se dejaba llevar por las sensaciones que el contacto del lobo despertaba en su ser. Las manos de Zade, hábiles y ansiosas, trabajaron sobre el vestido, deshaciendo los botones uno a uno mientras sus labios seguían el rastro de palabras seductoras a su oído.
―He extrañado la suavidad de tu piel ―susurró, dejando un beso ligero en la curva