EL DIARIO.
EL DIARIO.
Al día siguiente, la luz del sol apenas comenzaba a filtrarse a través de las ramas cuando Erika llegó a la guardería, con Sam en sus brazos. La Omega encargada de los cachorros, con una sonrisa cálida y acogedora, la recibió.
― ¡Luna Erika, qué alegría verla! Los pequeños y yo la hemos echado de menos.
Erika asintió con una sonrisa suave y se agachó para dejar a Sam en el suelo, quien se apresuró a unirse al juego de los cachorros.
―He tenido días ajetreados, pero aquí estoy, dispue