EL CALOR DE UN HERMANO.
EL CALOR DE UN HERMANO.
El sonido del látigo cortaba el silencio del patio como un cuchillo afilado. Kael, el ex-Beta de Zade, estaba atado al potro, mientras su cuerpo era marcado por las cicatrices de la traición y el dolor. Cada golpe era una pregunta sin respuesta, cada pausa un grito ahogado en su garganta. Zade, con sus ojos inyectados en sangre por la furia y la impaciencia, levantó su mano y el guerrero a su lado detuvo el castigo.
Su voz estaba cargada de ira cuando habló.
―Lo pregun