Justo entonces, el teléfono de Chárter volvió a sonar.
Cogió el teléfono como si fuera un espíritu errante: —¿Diga?
Sólo para oír un estridente grito femenino desde el teléfono: —¡Chárter Querido, ayúdame! Alguien me ha secuestrado.
—¡Los secuestradores quieren que vengas ya, tienes que venir a salvarme, llevo una bomba encima!
La voz, provenía de Laura.
Chárter se quedó helado y salió corriendo de la sala forense: —¡Coged a unos hombres, venid conmigo a ayudar, ha aparecido César!
Laura escuchó