Capítulo 54: Propuestas inesperadas.
El sangrado se había detenido, afortunadamente, el golpe no había requerido puntos. Héctor no podía dejar de mirar a esa joven que con tanta devoción atendía al señor Auritz.
— Muchas gracias por ayudarnos, habríamos terminado muy mal de no ser por usted —
La voz de esa joven castaña era agradable y le recordaba a alguien, aunque no sabía exactamente a quien. Caleb sonrió, milagrosamente había resultado casi ileso de ese incidente, el médico ya se había marchado asegurando que no corría pelig