Capítulo 50: Como Adán y Eva.
La luna brillaba en lo alto, entre blancas nubes que se paseaban lentamente en el negruzco cielo nocturno, siendo alentadas por el apacible viento de esa noche. El silencio reinaba, y el nerviosismo de dos corazones que latían al compás del otro, no se hacía esperar. Velas aromáticas, pétalos de rosas carmín y blancas que marcaban toda aquella habitación en dónde dos almas sentían la ansiedad a flor de piel, eran mudos testigos de aquel momento mágico entre un hombre y una mujer que expectantes