Capítulo 40: El padre que se fue.
— Mucho tiempo sin verte, querida esposa —
Elena se incorporó. Mirando con desprecio a ese hombre de sonrisa cínica que tenía delante, se seco el sudor y luego camino hacia el. Una sonora bofetada resonó en el lujoso espacio, pero aquel hombre no se inmutó y tan solo soltó una risa divertida.
— Maximiliano, eres un maldito bastardo, ¿Quién te crees que eres para entrar en mi casa como si fueras el dueño? — reprochó con furia.
— Veo que no has cambiado en nada, pensé que después de tantos años