La ciudad seguía su curso, indiferente al caos en su mente. Marck estaba apoyado contra su auto, con la cabeza baja, el cuerpo tenso y la mente hecha un desastre. No había dormido bien. No podía dormir bien. Cada vez que cerraba los ojos, veía a Sandra alejándose en aquel elevador y él sin hacer nada. No más. No iba a permitir que el miedo lo convirtiera en un cobarde otra vez.
Sacó su teléfono con manos temblorosas. Su dedo se deslizó por los contactos, buscando ese nombre que ya tenía grabad