Akiro estaba sentado en su oficina de Bruselas, su padre había insistido en que montara sus oficinas allí para que esté más cerca de Sandra, en ese momento tenía la vista fija en la pantalla de su computadora más no su mente.
Del otro lado del mundo, en Japón, Ronin Yamada escuchaba en silencio.
Su voz finalmente rompió la tensión.
—Espero que no me hayas llamado solo para decirme algo que ya sé. —Akiro sonrió, pero su paciencia estaba al límite.
—No, te llamé porque tengo una propuesta. —R