Zoe
Desperté con el primer rayo de sol filtrándose por las gruesas cortinas del penthouse, sintiendo el peso cálido y reconfortante del brazo de Alexander rodeándome la cintura con posesiva suavidad. En mi mano izquierda, el diamante destellaba bajo la luz matutina con un brillo hipnotizante, casi irreal. Sonreí en la penumbra, hundiendo el rostro en su pecho desnudo y aspirando ese aroma a madera y colonia cara que se había co