Alfredo estaba sin palabras.
—¿Eso, eso de quién es?
¡Su corazón era muy frágil!
No podía soportar tal conmoción.
¡Podría morir de un susto!
—Eso es de Alvaro Lozano —llegó la voz de Joan, ni ligera ni pesada.
Alfredo estaba sin palabras.
¡Estuvo a punto de soltar una palabrota!
—¿Cómo puede ser él?
¡Nunca lo hubiera imaginado!
¡Fue demasiado sorprendente!
Joan dijo: —No tengo claro el detalle.
—¡Ay, no importa, mientras no sea Felipe, todo bien, maldita sea, casi me asusta hasta sufrir un infar