Antes de que Alfredo pudiera reaccionar.
Una voz arrogante se escuchó al otro lado: —¿No te atreves a venir, verdad? Así que, dame una dirección. Le cortaré una pierna y te la enviaré, ¿qué te parece?
—Si te atreves a tocarlo, te haré pedazos —gritó Alfredo enfurecido.
Una risa orgullosa resonó al otro lado: —Oh, ¿de verdad? No te creo. Si eres tan capaz, ven aquí. Te estoy esperando.
Alfredo se quedó sin palabras.
Colgó rápidamente el teléfono.
Y puso su móvil en modo sin señal.
Temía que esos