Al mirar de cerca, vio que al lado estaba Águila.
El hijo del decano se levantó, señalando a Águila: —Tú, tú, otra vez, me golpeaste, ¡te demandaré por agresión intencional!
Águila levantó intencionadamente su mano, asustando al hijo del decano quien se cubrió la cabeza: —No me golpees.
—Si no quieres ser golpeado, ¡lárgate! —Águila advirtió con voz severa.
El hijo del decano, consciente de que no podía competir con Águila en fuerza, se fue corriendo de manera humillante.
Gabriela se acercó.
Est