Rodrigo se quedó sin palabras.
Se sintió resignado pero también divertido: —¿Por qué nunca estás dispuesta a perder?
Gabriela sonrió: —Lo aprendí de ti. ¿No escuchaste lo que dijo Alfredo? Dijo que cada vez me parezco más a ti.
—Está bien —Rodrigo tiró del dobladillo de su ropa. —Estoy celoso.
Entonces Gabriela finalmente se sentó.
Rodrigo levantó la mano, sus dedos limpios y bien formados tocaban los mechones sueltos de su cabello, con un tono de voz bajo y serio: —Gabi, estos días, mejor no sa