Gabriela sabía que a los chicos ricos como él, que nunca habían sufrido, les aterrorizaba la muerte.
"Suéltame." Ella parecía tranquila y su tono era directo.
Alejandro no lo soltaba, "No creo que te atrevas a matarme."
No creía que Gabriela, una chica, tuviera agallas para hacer eso.
Pero no sabía cómo pudo ser tímido un médico que se atrevió a empuñar un bisturí.
Gabriela cortó la rotura afilada en su piel.
Alejandro sintió el dolor, alargó la mano para sentir la sangre caliente, húmeda y peg