Alfredo dijo: —Sí, me envidias, tengo una hija, tú no.
Rodrigo sonrió: —Ahora es tu hija, pero cuando crezca, quién sabe, mientras que mi hijo siempre será mi hijo, incluso cuando sea mayor.
Alfredo se quedó sin palabras.
¿Qué quería decir?
¿Que su hija dejaría de ser su hija cuando creciera?
Qué absurdo.
Su hija siempre sería su hija.
¿Cómo podría dejar de serlo al crecer?
Sin embargo, de repente pensó en algo.
Entendió lo que Rodrigo quería decir.
Frunció el ceño.
—¡Rodrigo! —Alfredo corrió tr