Camill gritó llena de pánico, sintió salpicar sobre su rostro sangre y sesos del hombre que la tenía encañonada, los entrenados hombres de Cristóbal habían bajado a rapel y disparado a través de la ventana al guardaespaldas de Aníbal Altamirano
Uno de los hombres se acercó a Camill tratando de tranquilizarla, alterarse así en su estado no sería nada bueno ni para ella ni para la bebé
Señora Camill! el hombre del comando especial limpiaba la sangre del bello rostro de la embarazada, debe calmar