Qué pequeña se había vuelto la ciudad, el Ceo Altamirano y el Ceo Mendoza encerrados en una misma habitación cuidando a sus adorados hijos, esto si que era épico, ambos eran excelentes padres, la diferencia es que uno tenía el amor de Camill y el otro de encontraba en soledad, ni siquiera la madre del niño estaba con él
Cristóbal hemos pasado toda la noche aquí, ya dormí un poco deberías ir a luna turquesa a descansar unas horas, propuso Camill al ver el cansancio en el rostro de su esposo
El