Era una sábado con un clima muy agradable, los rayos del sol entraba por las ventanas de la mansión Mendoza, había regresado de las compras con su hijos Alejandro se sentía tan cómodo en los brazos de su padre que no quería que nadie más lo alzará, definitivamente su vida cambiaría a partir de ese día, tendría todo los lujos a manos llenas, el amor de su padre y una educación digna de un millonario heredero, pero lo que tal vez no tendría era el amor sincero de una madre
Silvia los vió llegar