Mi curiosidad por saber más de Patricia, la ignota amante de Marcus Green en tiempos pasados, me llevó hasta la biblioteca pública. Me interesaba saber sobre esa mujer, cómo era, sus manías, su forma de amar, en fin, la consideraba una rival de amores en la vida de mi paciente. La imaginaba como una mujer alta, hermosa, curvilínea, rubia, de ojos de ensueño, la naricita chiquita y linda y muy sofisticada y elegante como las damas de esos tiempos de calesas y corceles y de faldones gigantes. La