—¡Al que madruga Dios le ayuda!
Sí, Sasha había cumplido su promesa y había vuelto a despertarse antes que Grace. Grace se incorporó al instante, lanzando una mirada fulminante a la figura de Sasha.
—Por favor, no acostumbres a despertarme con frases ingeniosas de buenos días—, refunfuñó Grace, prácticamente rodando fuera de la cama.
—No voy a hacer ninguna promesa. Mira, he encontrado dónde guardas las toallas—, dijo Sasha, con una sonrisa creciente. Grace la fulminó con la mirada.
—Genial, ¿q