—Levántate y brilla—, llamó Sasha alegremente a través de la habitación, abriendo de golpe las cortinas grises para que proyectaran un cálido resplandor sobre el cuerpo dormido de Tate. Éste gimió y se tapó la cara con una almohada para tapar el sol.
—Deja de comportarte como una vampiresa adolescente y descarada—, refunfuñó Sasha, dando la vuelta a la cama. Tate se asomó por detrás de la almohada para poder observar a Sasha con interés.
—¿Yo? —, preguntó él, haciéndose el consternado. Sasha ah