Sintió una descarga eléctrica justo debajo de su nuca- que le erizó hasta los vellos púbicos del miedo-, antes de que la criatura desapareciera de nuevo. Sin embargo, el dolor debilitante, parecido al de una picana electrica, que la mujer esperaba no llegó nunca. Como mucho, la pinchó ligeramente, como el piquete de un mosquito, pero ni de lejos lo suficiente como para doler o causar molestias. En ese momento ya de pánico, la científica solo podía suponer que de algún modo había tenido suerte y