Con un poderoso movimiento de piernas, partió de donde estaba, se dirigió al huerto, donde recogió una serie de frutas antes de volver con ella. Kary admiró casi abriendo la boca hasta el suelo y babeando, como el alfa, con una destreza impresionante, peló y cortó algunas con sus garras, separándolas ordenadamente en varias secciones encima de la madera.
Algunas las exprimió y una sustancia espesa y perfumada se derramó en la pequeña depresión.
—Ahora puedes probar—dijo con una sonrisa dentada