Los altos mandos sirios estaban furiosos, pero también comprendían que, en ese momento, Hamed no hacía más que aprovechar la ventaja que había conseguido tras demostrar la superioridad de sus fuerzas en combate.
En realidad, sus exigencias no eran más que una forma de extorsión y, además, pretendían humillarlos, del mismo modo que las potencias vencedoras exigían reparaciones de guerra tras imponerse en una campaña militar.
Los propios altos mandos habían llegado al poder mediante una rebelión