Eran las 21:00, hora de las Maldivas, cuando sonaron las campanadas que daban la bienvenida al Año Nuevo oskiano.
Afuera, los fuegos artificiales estallaban sobre la cala, iluminando el cielo nocturno. Bernard no había escatimado en gastos y había comprado una tonelada de fuegos artificiales para animar el ambiente.
Incontables destellos de colores se elevaban desde la playa hasta perderse entre las nubes, antes de explotar en una lluvia de luces aún más deslumbrante. El espectáculo resultaba