A pesar del interés cada vez menor, la gala de Nochevieja de Oskia siempre se había organizado con una precisión milimétrica.
Los actos previos a las campanadas de medianoche estaban programados al microsegundo, y cualquiera que alargara o acortara deliberadamente el tiempo que se le había asignado acababa en la lista negra y no volvía a pisar jamás aquel escenario.
Por ese motivo, el programa solía cerrarse con semanas de antelación, después de múltiples ensayos.
¿Qué misterioso evento estab