En ese momento, Bernard se sentía absolutamente eufórico, y al mismo tiempo nunca había sentido tanto rechazo hacia el dinero en los setenta años que llevaba viviendo.
Lo que más le ilusionaba era pensar en cómo gastarse 50 mil millones de dólares como favor hacia Charlie.
¿Cómo era la frase? “¡Cállate y toma mi maldito dinero!”.
Aun así, Charlie era bastante estricto: se reservaba la cuota de 50 mil millones de dólares para que solo pudiera gastarse cuando él lo exigiera, lo que dejaba a Ber