Mientras tanto, cuatro lanchas motoras surcaban a toda velocidad las aguas en la oscuridad.
Las luces de Randheli bien podían ser un faro que las guiaba directamente hacia su objetivo.
Los hombres vestidos de negro que iban a bordo de las lanchas iban armados hasta los dientes; su equipamiento y su uniforme eran idénticos, y además se parecían notablemente a los de los asesinos que atacaron a los Acker en Nueva York.
A excepción del piloto, todos mantenían la cabeza agachada mientras permanec