Al salir al balcón trasero, Charlie se recostó en la tumbona y alzó la vista hacia las estrellas.
Sin contaminación lumínica, parecían auténticas perlas esparcidas sobre el cielo, un espectáculo brillante y deslumbrante del esplendor del cosmos.
Mientras Charlie las contemplaba, no pudo evitar recordar que las dos veces que había observado las estrellas así había sido junto a Vera.
La primera vez fue junto al lago de Davos, cuando buscaban lugares donde solían crecer los árboles de kombu, mie