Siguiendo las indicaciones, Charlie dejó caer la espada y tomó el rostro de Quinn con ambas manos.
Ella continuaba cantando como la Doncella, reacia a ver marchar al Asesino y decidida a pasar el resto de sus días en paz y aislamiento.
Charlie señaló la pantalla, donde se mostraba el sufrimiento de los ciudadanos, y la apartó con suavidad. Luego recogió su espada y se marchó sin mirar atrás.
Quinn salió tras él, abrazándolo por la cintura sin dejar de cantar, suplicándole que se quedara. Sin