Hank jamás había temido a la muerte.
Después de todo, había vivido lo suficiente y con felicidad, y podía afrontar la muerte con dignidad.
Pensaba que se sentiría satisfecho si llegaba a los ochenta, y sin duda esperaba vivir tanto tiempo, ya que contaba con el dinero y las medidas preventivas necesarias para evitar incluso una enfermedad terminal.
Pero a pesar de ser tan precavido, había contraído cáncer de páncreas.
Ahora mismo, lo único que quería era consultar con Charlie y pedirle que l