Raymond se rio entre dientes ante el título, humilde como siempre: “¿El Duque del Desperdicio? Vaya, ese sí que es un título real y no creo merecer tal honor…”.
Sin terminar la idea, luego puso una mirada especialmente curiosa: “Por cierto, ¿cómo supiste que me llamaban así?”.
Al ver que seguía siendo tan ignorante, Jacob se burló. “Compraste una escultura de bronce renacentista antes, ¿no?”.
Raymond asintió. “Sí. Pero técnicamente, es medieval y no renacentista, con una base renacentista”.