Al mismo tiempo, Charlie, en el segundo piso, tenía una fea expresión.
Había escuchado la llamada telefónica entre Christian y su tía menor, Lulú, y se enteró que la vida de su abuelo pendía ahora de un hilo.
En ese momento, no pudo evitar que su corazón se tensara.
No podía entender cómo su abuelo, tan rico y de solo setenta años, podría estar muriendo tan pronto.
Según la descripción de su tía menor por teléfono, la vida de su abuelo ya pendía de un hilo. Aparte de la medicina de Charlie,