El Cheval Blanc Randheli, normalmente tranquilo y sereno, cobró vida de repente tras la llegada de Tanya.
Aunque era mediodía —cuando el sol pegaba más fuerte—, la mayoría de los huéspedes no se quedaban en sus habitaciones, sino que deambulaban por los alrededores con la esperanza de cruzarse con Tanya.
Lo más increíble fue que, de repente, aparecieron un montón de yates y lanchas de origen desconocido y de distintos tamaños. No paraban de dar vueltas alrededor de Cheval Blanc Randheli, algun