Wendy gruñó indignada: “Oigan, doctores. ¿No se supone que deben salvar vidas y ayudar a los heridos?”.
El conductor la miró y dijo con seriedad: “Señorita, para que quede claro, no somos doctores. Además, no se trata de una ambulancia de emergencia del hospital público, sino de una ambulancia privada. Al igual que los taxis, deben pagar la tarifa para utilizar nuestro servicio. Páguennos y los llevaremos al hospital. ¿Lo entienden?”.
Wendy se quedó boquiabierta de incredulidad.
El hombre dij