Regresar a la ciudad luego de esa noche no fue sencillo para ninguno de los cuatro. Aunque en principio Beverly tuvo la brillante idea de dejar a su amiga sin un cuarto dónde dormir, lo cierto fue que no pudo pegar ojo, porque la respiración calmada de Zeus le llegaba a los oídos como una música invitadora a cientos de cosas y ninguna buena.
Lo gracioso es que Zeus tampoco pudo dormir, no con ella a su lado… ni siquiera saber que Luna estaba a un par de puertas lo exaltó tanto como aquella muje